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lunes, 29 de agosto de 2011

Un sueño


Con tantos pensamientos no podía conciliar el sueño, me levanté y salí a dar un pequeño paseo, recuerdo que la noche estaba fría pero no me importaba cualquier cosa era mejor que estar ahí acostada pensando en nada. Al doblar por la avenida principal vi una pequeña silueta a lo lejos que extendía su mano como si me estuviera invitando a realizar un viaje, eso me genero cierta intriga, no sabía a donde iría, sería algo nuevo, inesperado, enigmático, y secreto. Traería un millón de nuevas experiencias, o eso creí al ver la invitación.  Me detuve al lado de una banca, la miré, medité y decidí sentarme a pensar, cuando lo hice el enorme árbol que estaba a mi espalda comenzó a dejar caer las hojas de él, éstas caían en mi regazo era el momento ideal para pensar.
Miraba al cielo esperando que este me diera la respuesta de tomar o no lo que me ofrecía, pero no pasaba nada estuve ahí por mucho tiempo, de pronto comenzó a surgir una densa niebla, ya no solo no podía descifrar mis pensamiento sino que ahora no veía mas allá de mis manos, en ese momento me pregunté si la pequeña silueta aún estaría ahí. Para salir de duda me paré y comencé a caminar en dirección a ella. Al no ver una angustia terrible llenó mi cuerpo, ya no caminaba con la misma seguridad de al principio, mis pasos eran vacilantes y no sabía hacía donde ir. Nuevamente me detuve era innecesario que siguiera, mis piernas se debilitaron y caí, el asfalto estaba mojado y era áspero, pensé que de seguro mis rodillas estarían dañadas con la caída pero no me importó reposé igualmente en el suelo, recuerdo que me dormí.
No sé cuanto tiempo pasé dormida pero al despertar ya no estaba en ese lugar, ahora estaba en la cima de una montaña, intenté levantarme pero no pude, el viento no dejaba que me pusiera en pie. Luche durante horas hasta que lo logré, cuando alce mi cabeza nuevamente la vi, a la pequeña silueta pero ahora era distinta, estaba sucia, y le podía ver su cara, su expresión era de una tristeza que no puedo explicar. Me miró y me indicó mis manos, las miré y me di cuenta que mi piel estaba completamente arrugada y seca, eran manos de una anciana. Esto me asustó y caminé hacía la silueta, pero al dar el primer paso esta desapareció, no tenía más opción que comenzar a bajar la montaña pero estaba muy cansada ya no podía más. Con el anhelo que al despertar estuviera en un lugar más ameno, me acosté nuevamente y me dormí.
Cuando desperté estaba de vuelta en mi habitación, mire mis manos y estaban normales, de alguna forma sabía que algo había perdido pero no lograba saber que era. Me puse de espalda y miré el techo, me quedé pensando por unos minutos y de pronto mis ojos se llenaron de lágrimas, éstas no dejaban de fluir, salían y salían sin parar. Y lo sentí, era un vacio en mi pecho como si me hubieran arrancado algo y que dejó una estela que causaba un dolor enorme en mi interior. Me senté y mi estomago estaba como amarrado, o eso sentía, me apretaba y me quitaba el aliento. Sabía que la única solución para calmar eso era devolver a su lugar eso que me había perdido, pero el problema es que se había ido lejos, se me había quedado en mi sueño y ahora no sabía como volver para recuperarlo. Me da miedo volver y perder algo más valioso que eso, pienso que si lo pierdo quizás nunca recupere una parte de lo que perdí en aquel nefasto sueño.

Ale Lebeau.-

viernes, 10 de junio de 2011

Más que un sueño


Sentía un fuerte dolor en mi pecho, era algo así como angustia, pero porqué, yo sabía que todo estaba bien, pero aún así lo sentía. Decidí levantarme, era inútil ya seguir durmiendo, cuando puse un pie fuera de la cama sentí un tibio aire que rozaba mi pantorrilla. Miré a mi lado y me di cuenta que el trozo trisado de mi ventana ahora estaba más grande. Parecía como si una piedra la hubiera atravesado, me acerqué y toque el borde roto, al parecer lo hice con demasiada fuerza, porque al rozar mi piel contra el vidrio comenzó a caer mi sangre que emanaba de la herida recién hecha. Sin alguna reacción de dolor me retiré, miré mi dedo y lo llevé a mi boca, probé la agria sangre que salía de mi dedo, lo froté contra mi pijama y me dirigí al baño.
Ya estando en ese frío y lúgubre lugar una serie de eventos comenzaron a suceder. Me acerqué al lavado, puse mi dedo bajo el agua fría, un terrible dolor comenzó a surgir de el. Recuerdo que me retorcía y mordía mis labios para amenizar un tanto el dolor. Me miré en el espejo y no me reconocí. Era como si mi cuerpo estuviera sufriendo una metamorfosis, iniciada por esa simple herida. Cuando vi que ese no era mi rostro, me comencé a desesperar, ya no sabía que sucedía. Era quizás un sueño, me preguntaba, pero las respuestas a éste suceso no cabían en mi mente, la desesperación se apoderó de mí.
Caí al piso, sentía que mi cuerpo lentamente perdía sus fuerzas, no podía pensar, ni siquiera pedir ayuda, apoyé mi cabeza contra la baldosa del baño y me comencé a desvanecer. Mi cuerpo comenzó a flotar, ya no tenía respuesta de el, se manejaba completamente solo, mis manos caían lentamente, el pelo me rodeaba el rostro y no podía ver con toda claridad lo que sucedía. Comencé a sentir muchísimo frío, mis huesos eran como enormes cuchillas que se incrustaban en mi piel, me preguntaba cuándo acabaría, porqué me sucedía esto. Cuando llegué a la cima de la habitación oí que alguien se acercaba, por fin se acabaría esto pensé, era mi hermano, “Tomás, Tomás” grité, pero no había reacción de él. Era como si estuviéramos en el mismo lugar pero en un paralelo completamente distinto. Cuando mi hermano vea la sangre en el lavado se extrañará y mirará hacía arriba, me dije. Pero para mi sorpresa el lavado estaba completamente limpio, era como si nada hubiera sucedido. Anhelaba a que Tomás mirara hacía arriba, para saber si era visible o no, cuando lo hizo mis ojos se llenaron de emoción, pero mi hermano no me vio. Yo estaba en aquel lugar, pero a la vez no. Sentía que estaba todo perdido, que me quedaría ahí suspendida en el aire mirando lo que sucedía, viendo como mi vida se desgastaba poco a poco.
Al salir Tomás de la habitación sentí como mis esperanzas de volver se desvanecían, pero fue cuando sucedió algo aún más inesperado. Una fuerza extraña tiró mis brazos y piernas hacía a un costado, sentí una fuerte presión sobre mi pecho, grité muy fuerte y lloré, una emoción inundó mi cuerpo a pesar del dolor que sentía. Era como si algo me quisiera arrancar de la piel, robar mi esencia, mi alma. Cómo explicarlo si no lo sientes, ¿Cómo?, luego de aquel infernal dolor vino la paz. Me vi acostada en un verde prado, rodeada de las más bellas flores que se puedan imaginar, un sol radiante que iluminaba mi cuerpo, acompañada de un despejado día, era la perfección. Con los ojos cerrados comencé a tocar el pasto, sentí calidez, amor, emoción, el dolor se había ido completamente. Me senté, seguía con los ojos cerrados, me levanté y caminé en dirección desconocida. No sé cuanto habré caminado, fueron minutos, horas o quizás segundos. Quién sabe. Solo sé que llegué a un punto donde sentí que debía parar y lo hice. Una brisa inundo mi cuerpo, abrí mis brazos y me lancé, sentía que caía pero no tenia miedo, sabía que nada malo iba a pasar. Recuerdos, pensamientos, emociones, sensaciones, todo lo bueno y malo en mi vida pasó por mi mente, y lo entendí, sabía porqué estaba ahí, mis acciones en los últimos años estaban haciendo que desperdiciara mi vida y que no la viviera como debía ser. Mientras estos pensamientos recorrían mi mente yo seguía cayendo, en realidad no me preocupaba si esto era para siempre, ya que cualquier cosa hubiera sido mejor que despertar donde mismo, y con la misma sensación de angustia que me rodeada aquella mañana en que comenzó todo. Que ilusa fui. Mis ojos se llenaron de lágrimas, sentía que llegaba al final y la verdad no quería, finalmente caí sobre algo suave y blando, la angustia había vuelto, debía enfrentarla. Abrí mis ojos, miré a mi alrededor, estaba de vuelta en mi pieza, vi la ventana y ya no tenía nada, me levanté, me miré al espejo y vi mi figura, aquella que había despreciado por mucho tiempo, el dolor había vuelto. Salí al patio caminé unos segundos y me di cuenta que aquel prado verde y perfecto de mi sueño estaba ahí, al frente de mis ojos, ahora sabía que todo lo que tenía hacer era abrirlos y ver más allá.

ALe Lebeau.-